Sur y Centro América
Viernes 15 de Noviembre 2019

Bananismo Maduro

4 Junio, 2013

Caracas, Venezuela. | 04.06.2013

Bananismo Maduro
Por Carlos Alfonso Sierra Galindo

La expresión “República Bananera” (en inglés Banana Republic) es usada para calificar de manera pintoresca a algunos países caribeños y referenciar así su bajo grado de producción industrial y tecnológica. Luego del desastroso y prolongado gobierno de Chávez y ahora, con Maduro en la presidencia, Venezuela se puede convertir en una República de Banano Maduro.

Recordemos que Nicolás Maduro pasó de un momento para otro, de ser conductor de autobús de la Empresa del Metro de Caracas, a ser parlamentario, presidente de la Asamblea Nacional, canciller, vicepresidente y ahora presidente de la República.

Su ascenso vertiginoso se debe a la formación como activista que recibió en cursos para las escuelas de miembros del partido comunista en La Habana, antes de infiltrarse en el sindicato de trabajadores del Metro. Allí fue reconocido, no por ser un excelente conductor, sino por sus permanentes ausencias al trabajo, con falsas excusas médicas que le permitían usar la figura del “Reposo Laboral”.

Maduro participó en actividades de varios grupos radicales, incluso de aquellos llamados “Encapuchados” y luego de su permanencia en Cuba fue activista sindical en la Empresa del Metro. Se conoció con Chávez luego del fallido intento de golpe militar y lo demás es historia, hasta llegar hoy a la Presidencia de manera fraudulenta.

Recientemente, Maduro ha sido protagonista de la más grande farsa vivida en Venezuela en toda su historia: las mentiras sobre la salud de Chávez, la manipulación de las noticias sobre la muerte del dictador, las supuestas órdenes y resoluciones firmadas por Chávez con las que se gobernó fraudulentamente durante meses y los mensajes que hoy Hugo le hace llegar en forma de pajarito.

Maduro es presidente, aunque perdió las elecciones, porque el Consejo Nacional Electoral (CNE) es manejado por el chavismo. Nadie denuncia esto ante la justicia, porque las cortes, la Fiscalía y la Procuraduría también son fichas del chavismo. Y la esperanza de que las Fuerzas Armadas se manifiesten para defender la democracia tampoco existe, porque los altos mandos, miembros del llamado cartel de los soles por su alianza con el narcotráfico, también son cartas del chavismo.

La Asamblea Nacional también es manejada descaradamente por el chavismo. Su presidente, Diosdado Cabello, decidió negar la posibilidad de intervenir en la Asamblea a los representantes de la oposición, por no haber reconocido el triunfo de Maduro.

La presión internacional obligó a Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral a aceptar la auditoría, aunque por ningún motivo aceptó el reconteo de los votos. Ya suponemos en qué va a terminar esa auditoría. Esto confirma que cuando los revolucionarios llegan al poder, es casi imposible derrotarlos con votos.

La oposición ha denunciado más de tres mil irregularidades graves que se presentaron el día de las elecciones. Actos violentos en algunos centros de votación, personas que fueron obligadas a votar por Maduro con la figura del voto asistido, votantes repetidos, amenazas de despidos de empleados oficiales si no votaban por Maduro, prohibición a los delegados de la oposición de verificar el proceso de conteo de votos de las mesas y de transmisión de datos, y muchas otras más.

Ahora se presenta la más grave: la prohibición de ejercer el derecho más elemental, el reconteo de los votos. Maduro ganó porque la presidenta del CNE lo dice. Punto. No hay verificación que valga.

Pero viene lo peor para Venezuela: el madurismo no existe. Maduro llegó a ser candidato, no porque se haya presentado como el más capaz ni por ser un buen estadista ni un buen político. Maduro se presentó simplemente como el “hijo de Chávez”, quien lo postuló por la necesidad de que en el gobierno continúe alguien dispuesto a ocultar todo lo que pasa en Venezuela.

Conciente de que pronto se iba a morir, Chávez impuso a Maduro para garantizar que la corrupción de su gobierno y el desastre económico del país no salgan a la luz.

En lugar de nacer el madurismo, es inevitable que en poco tiempo muera el chavismo. Aunque la farsa que se viene con la auditoría electoral confirme a Maduro en la presidencia, la situación económica y social en Venezuela es insostenible. Pronto, las ratas comenzarán a abandonar el barco, sobre todo porque son unas ratas con mucho dinero y no se van a quedar para arriesgarlo todo.

Indudablemente, con Maduro en el poder, Venezuela se parece cada día más a lo que llaman “República Bananera”.

Fuente: Uno América – SalaStampa.Eu
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